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martes, 14 de julio de 2009

Memorias de un Brigadier - Marcos Iwakawa

Hurgando por los oscuros rincones devastados, que la venganza de la ignorancia dejo en la tierra, Hyde rescató de las manos del olvido y la erosión, pequeños retazos de grandes ideas y he aquí, un sobreviviente escrito.

MEMORIAS DE UN BRIGADIER – CAPITULO XII
Enviado por Marcos Iwakawa

Es a mi modo de ver, que ya no existe nadie que pueda sostener que el devenir de un pensamiento carece de causa. Todo lo que alguna vez a atravesado nuestras mentes es producto de una causa, y así será por siempre. Nadie inventa, nadie crea, nadie da vida a una idea si no es a partir de una conjugación de escenas pasadas. Pues bien, una vez he pensado en el azar, la suerte, el destino, y la fortuna de la vida, y como todo pensamiento tiene una causa que provoca, he de comenzar por ahí...
“Aquella tarde de otoño caminaba por las calles, repletas de una majestuosa multitud, iluminadas por una tenue luz de sol que asomaba desde el cielo. Había sido un día atareado, y solo buscaba despejar mi mente mirando algunas vitrinas de comercios. En el transcurso de tan entretenido paseo me tope con una gran tienda de armas, indumentaria, y alguna que otra cosa más; y sin dudarlo ni un segundo me aventure dentro del comercio para saciar mi curiosidad en lo nuevo sobre mecanismos de pólvora y acero. El dueño del local, un hombre algo mayor, me atendió con mucha amabilidad, enseñándome el funcionamiento de algunas armas de ultima tecnología que tenia a la venta, y mientras yo le mostraba el arma que portaba a diario, sugirió que seria conveniente darle una limpieza a las piezas interiores de la pistola en cuestión. Esta era una tarea que por lo general realizaba yo mismo, pero debido a su buen trato y confiabilidad, creí que no seria malo que alguien lo hiciese por mí una vez. Le entregué mi arma, la limpió y satisfecho emprendí rumbo para mi hogar.
Ya de regreso, y algo entrada la noche, tomé una vieja novela que hacia tiempo que no leía, y acompañado por una copa de buen vino, me senté en mi sillón a disfrutar del momento. El arma, impecablemente limpia por los trabajos del armero, la deposite en una mesa junto a mi. Esa noche podría disfrutar de mí soledad, y sumergirme profundamente en la trama de la novela sin interrupciones, porque mi esposa pasaría la noche en casa de su hermana, a quien le aquejaba un leve malestar.
Las líneas pasaban, palabra a palabra, atrapándole en la historia, el vino me desinhibía lo suficiente como para creer que era parte de lo que leía; cuando de repente un sonido desde la puerta trasera me alejó de mi lectura. Tomé mi arma, quité el seguro, y en medio de la oscuridad una figura borrosa se me abalanzó. Como un reflejo inmediato levante la pistola, apunté, y mientras jalaba el gatillo se clarifico entre un relejo de suave luz el rostro de mi amada esposa, que por alguna razón había regresado, frente a la mira; fueron solo unos centésimos de segundo en los que todo sucedió, lo que no me dio tiempo a frenar la acción de mi dedo sobre el gatillo. Pero el arma no disparo...
Unos momentos mas tarde, y luego de pasado el pánico, revisé el arma y descubrí que no había disparado porque tenia una falla en el armado, probablemente producto de la limpieza que había realizado el armero esa tarde.”
Pues bien, el camino que condujo a este final se compuso de numerosos factores, pero el que determina que mi esposa no resulte herida, sin lugar a dudas fue el error que cometió el dueño de la tienda al ensamblar la pistola. Y es aquí donde encuentro la causa para comenzar a pensar sobre la suerte, el azar, el destino, y la fortuna de la vida...

Abordando por la suerte, creo que ésta no es mas que un mero invento del hombre, producto de la historia, al no poder explicar ciertos sucesos; es decir, la suerte no existe! El solo hecho de creer que existen personas con mayor propensión a que le ocurran determinadas cosas es de por si absurdo. La suerte es una especie de talento, que aun no hemos descubierto, y que como consecuencia de la llana naturaleza del hombre, la atribuimos al arbitrio del azar. Ahora bien, el termino azar, en su correcta utilización tiene mucho mas viabilidad que la suerte. El azar se aplica ante la elección de una o mas opciones de entre muchas; esta elección, cuando carece de fundamentos lógicos, pero resulta atinada, se califica como azarosa. Entonces, el termino azar, como calificativo de una determinada acción, es correcto.
Hasta aquí, no he podido explicar el porque de lo ocurrido en el desenlace de la historia que conté; pues bien, es así porque hay que conjugarlo con el tercer factor: el destino. El destino es el camino que, de acuerdo al conocimiento de los fenómenos que tiene el ser humano, debe recorrer tal o cual cosa. Éste se traduce en un procedimiento o mecanismo que llega a un determinado punto fin conocido con antelación. Es así, que de acuerdo a un razonamiento lógico puedo decir que el arma, por su destino provocado en la falla al ensamblarla, nunca dispararía. Fue una elección azarosa entrar en la tienda y dejar que el armero limpiara el arma, y solo con la “suerte” puedo explicar que haya sido beneficioso que el tiendero errara en el armado. Pero sin el lugar de mí esposa hubiese entrado un malhechor a mi morada, el azar se transformaría en fatalidad, la buena suerte en mala, y el destino en poco favorable; aunque tendría que admitir que estos tres factores hayan existido igualmente. Por eso el último factor clarificará la idea: el solo hecho de que las cosas hayan salido bien se atribuye a la fortuna de la vida... Y es aquí donde no podría afirmar si existe o no, pero puedo aclararme sosteniendo que es una excelente alea de los devenires de la propia vida, que explica sucesos, valga el pleonasmo, inexplicable.
Así el ser humano se conforma con definiciones y razones que el mismo inventa para si porque la realidad lo supera, y genera un círculo vicioso de pequeñez, profético de un inconciente colectivo, del cual todos formamos parte, que condena lo diverso de la razón; porque tememos el sentirnos confundidos y desorientados, porque odiamos el ser rasos, porque simplemente queremos ganarle al mundo, sin darnos cuenta que este es un privilegio de unos pocos que han sabido ganarse a si mismos antes de comenzar a batallar al resto.

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